¿Cansado de que tu masa filo termine seca o quebradiza, sin importar cuánto cariño le pongas? Si amas la dulzura y las capas crujientes de un buen baklava pero odias el resultado final, presta atención. Hay un ingrediente sencillo, casi insignificante, que transforma la masa filo de ordinaria a celestial. Y lo mejor es que probablemente ya lo tienes en tu despensa, o puedes conseguirlo por casi nada.
La joya escondida en tu cocina: la sémola
Muchos tienen su receta familiar de masa filo, un legado que se pasa de generación en generación. Si eres de los que adoran este postre pero buscan darle un giro delicioso y prometedor, es hora de conocer el "otro" secreto de Oriente Medio: la baklava, que aunque es un pariente cercano, llega con su propio encanto. Es esa masa fina y crujiente, pero rellena de frutos secos picados y bañada en un almíbar dulce o miel. La baklava es un auténtico deleite que define las cocinas de las regiones que alguna vez formaron parte del Imperio Otomano, extendiéndose por Irán, el Cáucaso, Afganistán, Turquía y los Balcanes.
Ingredientes que harán tu baklava inolvidable
Para que te animes a probar:
- Para la masa:
- 200 mililitros de leche tibia
- 100 mililitros de agua tibia
- 50 mililitros de aceite vegetal (girasol es ideal)
- 550-600 gramos de harina de trigo común
- 50 gramos de mantequilla sin sal, derretida
- 100 gramos de azúcar granulada
- 7 gramos de levadura seca
- 2 cucharadas de sémola fina
- 2 huevos tamaño M
- Una pizca de sal
- Para el relleno:
- Mantequilla sin sal derretida, generosa cantidad
- Azúcar granulada
- Pasas, al gusto
- Nueces picadas, al gusto
El paso a paso para una masa que dejará huella
Empecemos a crear magia:
En un bol de tamaño mediano, tamiza la harina de trigo. Añade las 2 cucharadas de sémola fina e integra bien. Aquí está el truco: la sémola es el ingrediente secreto que aporta elasticidad y ternura a tu masa, sin que pierda su deseada flexibilidad. En otro bol más grande, bate la mantequilla derretida con el aceite y el azúcar hasta obtener una mezcla homogénea. Incorpora los dos huevos y bate vigorosamente.

Continuando el batido, agrega la pizca de sal, la leche tibia, el agua tibia y la levadura. Una vez que todos los ingredientes líquidos estén bien integrados, ve añadiendo poco a poco la mezcla de harina y sémola. Puedes amasar con las manos o usar una cuchara de madera, lo importante es que no queden grumos y consigas una masa esponjosa, moldeable y compacta.
Cubre la masa con film transparente y déjala reposar en un lugar cálido durante aproximadamente hora y media. Pasado el tiempo, vuelca la masa sobre una superficie enharinada y divídela en dos partes iguales. Cubre ambas partes nuevamente con film y déjalas reposar por 10-15 minutos más. Luego, estira cada porción hasta formar un rectángulo de aproximadamente 30x35 centímetros.
Unta generosamente ambas partes de la masa con mantequilla derretida y espolvorea con azúcar. Ahora, en los bordes más largos de cada rectángulo, extiende una capa de pasas y nueces picadas. El relleno debe ocupar aproximadamente un tercio de cada trozo de masa estirada.
Toma el borde opuesto de cada rectángulo y dóblalo sobre el relleno, como si estuvieras doblando una hoja de papel por la mitad, presionando bien los bordes. Esto creará dos bases más pequeñas de strudel. Con un cuchillo, corta las secciones sin relleno en tiras gruesas y enróllalas.
Comienza a enrollar la masa desde el borde con relleno, de modo que las tiras en espiral queden en la parte superior. Coloca tu baklava ya formado sobre una bandeja para hornear forrada con papel de horno y hornea en un horno precalentado a 160°C durante unos 30-35 minutos. Sírvela bañada en almíbar o miel, o simplemente espolvorea con azúcar glas.
Este método, con la adición de la sémola, no solo mejora la textura de la masa, sino que también hace que el proceso de estirado y formado sea mucho más manejable, incluso para quienes se inician en la repostería.